La inclusión comienza en casa

Por Mariela Solórzano, psicóloga del programa “Aprender en Familia” de Fundación CAP.

Hoy en día la inclusión educativa es una temática sumamente relevante para las instituciones escolares y jardines infantiles. A pesar de que el tema esté inserto en distintas medida en nuestra sociedad, todavía nos enfrentamos a múltiples desafíos para lograr que el sistema de educación chileno atienda la diversidad de sus estudiantes. Existen deficiencias desde la infraestructura de los establecimientos, hasta las capacitaciones a docentes y su sensibilización frente a esta problemática.

Los avances en crear escuelas y jardines infantiles más inclusivos dependen de distintos actores: docentes, equipo directivo, sostenedores, estudiantes y, por supuesto,  las familias.

La familia es la primera escuela, donde se aprenden valores, creencias, actitudes y tradiciones culturales, entre otros, siendo un marco determinante para el crecimiento, realización, salud, equilibrio y plenitud afectiva de todos sus miembros.

Por lo tanto, la participación familiar en colegios y jardines inclusivos permite superar prejuicios, promover y respetar los derechos de todos los niños y niñas, y ser más tolerantes con las diferencias, un elemento esencial para el logro de un desarrollo integral de nuestros hijos.

Como padres y madres, ¿qué debemos hacer para promover el respeto y valorar la diversidad desde el hogar?

En esa reflexión, recuerdo una anécdota relatada por la bloguera Alfonsina Almandoz, mamá de una niña con síndrome de Down (http://candedownsideup.com). Ella nos cuenta como una madre, intentando que su hija comparta con los estudiantes “diferentes” de su curso, la incita a invitar a su compañera “diferente” a jugar a la casa. Cuando llega el día del encuentro, se sorprendió al ver que llegar a una niña colorina y no la pequeña con síndrome de down que ella sugería que convidara, haciendo alusión a la niña “diferente” del curso.

Esa situación ejemplifica muy bien nuestra labor como padres y madres. La diferencia la podemos hacer nosotros, evitando generar desigualdades, tanto de apariencias, raciales o por orientación sexual, fomentando así la inclusión educativa desde la inclusión social en el hogar.  ¿Cómo? Buscando formar mejores personas a través de la educación que les entreguemos, enseñándoles a valorar la diversidad, así como a ejercer su ciudadanía.

Algunas ideas para implementar en nuestra casa:

  1. Compartir las tareas del hogar entre todos, según la edad, valorando lo que cada uno hace.
  2. Respetar las diferencias de género, pero evitando prejuicios del tipo “esto es para niñas” o “esto es de niños”.
  3. Motivar a los hijos a preocuparse por la comunidad, el barrio, la escuela; asumiendo responsabilidades y tareas concretas, según su edad y etapa de desarrollo.
  4. Enseñándole a los niños a ser solidarios con sus pares.
  5. Valorar el proceso y no solamente el resultado final, brindándole importancia al esfuerzo realizado por los pequeños.

 

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