Fin de año, un momento para cambiar

Por Andrea Sánchez, del programa “Aprender en Familia” de Fundación CAP.

Ya vienen las vacaciones de nuestros niños y niñas. Un tiempo en que dejamos de levantarnos acelerados, preocuparnos de tareas, uniformes, colaciones, etc. De alguna manera, es la antesala de las vacaciones de los papás. Bajar ese ritmo nos permite que nuevas energías e ideas se abran paso en la cotidianidad.

Podemos pensar en nuestros hijos e hijas y buscar un momento de calma, cerrar los ojos y sentirlos. Percibir este año a través de ellos, sus alegrías, logros, penas y situaciones difíciles que vivieron. ¿Cuánto conocemos a nuestros niños? ¿Cuán dispuestos estamos a aceptar sus gustos? ¿Cómo es el entorno, el hogar, que hemos ido formando para compartir con ellos y ellas? Si hay más hijos, ¿visualizo las diferencias de cada uno y sus necesidades de espacio, de ritmos, de juegos?

Podemos recorrer nuestra casa, observando cada espacio. Y detenernos en las piezas de los niños. Es inevitable que surjan muchas preguntas al unir este espacio con quien o quienes lo habitan: ¿La combinación de colores, muebles, texturas e iluminación es la adecuada para un pequeño? ¿Me gusta? ¿Le gusta? ¿Es un espacio seguro y acogedor? Si la habitación es compartida, ¿existen límites y elementos que permitan identificar cada espacio con su dueño? ¿Qué juguetes y libros hemos decidido dejar a la vista y cuáles no? Debemos considerar la cantidad de estímulos a los que hoy están expuestos los niños y las consecuencias que eso puede traerles en su desarrollo.

Este periodo puede ser una oportunidad para sentir este acelerado estilo de vida desde su “altura” y juntos  preparar un espacio que sea acorde con la edad y la necesidad específica de cada niño.

La experiencia que cada uno de nosotros tiene, lo que hemos aprendido criando y la creatividad son claves. También es importante conocer qué piensan los pequeños de su espacio, qué cosas les gustan y qué no. Con pequeños cambios podemos hacer mucho, para esto no necesitamos invertir tanto dinero. Lo mejor es poder ir identificando necesidades y deseos de nuestros hijos e ir ofreciendo ideas para satisfacerlas, cuidando que el resultado sea un lugar amable, luminoso, cariñoso. Los libros, juguetes y objetos del momento pueden estar a la mano y el resto guardados para una rotación posterior. Podemos definir un espacio acotado en el muro, donde ellos puedan pegar imágenes que les hagan sentido, colgar fotografías de momentos y personas significativas, etc.

Este ejercicio de seguro se transformará en una gran experiencia para la familia, que le quedará guardada en la memoria y le servirá para construir y cuidar los espacios que habita. Y para los padres es una gran oportunidad de seguir conociendo y acompañando a nuestros hijos e hijas.

¿Seguimos ahora con nuestra pieza? Cerremos los ojos y repasemos sintiendo cómo ha sido este año para nosotros y cómo es el refugio que necesitamos para terminarlo como queremos…

 

Columna para revista Padres OK, Diciembre 2015.

 

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