Nueva masculinidad y el desafío de la crianza compartida

Por Christian Fuentes, Trabajador Social del programa Aprender en Familia de Fundación CAP

Recientemente terminó la teleserie “Papá a la deriva” que relataba las dificultades de un padre para asumir la crianza de los hijos en ausencia de la mamá. El argumento se construyó sobre la base de un mandato social dominante, en el cual han sido socializados los varones y que forma parte de su identidad, donde la crianza era tarea casi exclusiva de las mujeres. Esto nos da pie para reflexionar sobre los cambios que se están dando en la relación de pareja y, en particular, en las tareas de crianza de parte de la figura masculina. Asistimos a la consolidación paulatina de una nueva masculinidad o, para ser más precisos, lo que algunos han llamado nuevas masculinidades.

Muchos hemos asumido la tarea de la crianza quizás un poco a la deriva, sin modelos claros donde aprender y con marcados cambios culturales, económicos y políticos que han obligado a una rápida, pero no siempre consciente adaptación. Quizás lo interesante de esa historia es que su protagonista llega a un ámbito donde no se siente preparado, por lo reproduce una forma de actuar autoritaria, jerárquica, desconectado de lo emocional y un tanto periférica.

Hay tres rasgos que sería interesante mirar de esta nueva masculinidad:

Lo emocional ha sido históricamente femenino. En este ejemplo, el papá se muestra torpe y poco empático al identificar, contener y ayudar a verbalizar lo que le pasa a sus hijos. De hecho, necesita que alguien asuma el rol de apoyo en las vicisitudes de la vida de sus niños. Este es un ámbito que hoy paulatinamente es más compartido. La socialización masculina estaba acostumbrada a reprimir los sentimientos. Para el hombre hoy es posible decir “necesito ayuda” y sentirse vulnerable. Ahora hay más espacio para demostrar sentimientos y acoger a los hijos en lo que les pasa. Verbalizar el cariño, validar el contacto físico y compartir los miedos, abre espacio para relaciones más igualitarias, democráticas y nutritivas.

Cada día son más los hombres que participan en la educación de los hijos, particularmente en lo escolar. De algún modo aún está cargada la mano hacia la mujer en ese ámbito, pero eso está cambiando. Los materiales, la preparación de los niños para el colegio, la supervisión de tareas, la participación en la escuela y la estimulación e involucramiento en el aprendizaje constituye hoy una de las tareas más fascinantes y desafiantes para las nuevas masculinidades. Padres que van a la reunión de apoderados, que participan del Centro de Padres y que resuelven dudas con los docentes desde el punto de vista pedagógico, son prácticas cada vez más frecuentes. Criar y acompañar a los hijos es, sin duda, una tarea compartida.

Antiguamente, una familia tradicional se caracterizaba por un padre proveedor y una madre “dueña de casa”. La incorporación de la mujer al mercado de trabajo y la búsqueda de mayor autonomía han modificado esto dramáticamente. Hoy la tarea del sostén de la casa es compartida, lo que entrega mayor igualdad en la toma de decisiones y autonomía de la mujer. El padre ya no es el único responsable del ingreso familiar, lo que desrigidiza los roles femeninos y masculinos. Por ejemplo, las tareas domésticas pueden ser asumidas por el hombre no sólo para cooperar, sino en vista de una responsabilidad compartida.

La nueva masculinidad constituye un desafío complejo y desafiante a la vez. Tiene mucho de “al andar se hace camino”, con pocos repertorios heredados e incertidumbres de ámbitos que aún nos están construidos. Hay espacio para una trayectoria vital que traiga bienestar y satisfacción en la nueva forma de ser papá, a pesar de las tensiones que todo cambio social conlleva. Después de todo, como dice el proverbio, cuando viene el hijo nace el padre, todos estamos aprendiendo. Por eso, hoy podemos decir, que  “Cuando falta el papá, también se nota”.

 

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